¿Cuestión de percepción?

Sólo se necesita un hecho con carácter delictuoso para desencadenar el populismo punitivo.

Sólo se necesita una violación a la individualidad de una persona para someter a juicio público la totalidad del sistema.

Se necesita nada más un abogado bobalicón que se lance a las calles como el “amigo” del pueblo, para poder satisfacer sus propios intereses y necesidades, para poder desatar la gran marea roja del populismo punitivo.

Marea roja, porque desatará sangre, y desatará mucha.

Correrán cabezas, correrá la sangre tal como lo cuenta la toma de Jerusalem por los cruzados, tal cual corría la sangre por las calles.

No es que no debemos cuestionar las políticas de seguridad, no es que no debemos cuestionar el sistema, es que debemos considerar si vale la pena tirar todas las garantías individuales constitucionales por la borda, por cuanto lo pide la masa, el cual tal vulgo interesado en sangre.

No es que estoy incitando al orden ni al desorden, ni caos ni coherencia ni solucionan nuestros problemas.

No creo en esta vía a prima facie, ni ningún ser humano con consciencia de humanidad lo debería de hacer.

Como leí de un amigo columnista, no es cuestión de nosotros determinar quien puede ir a la cárcel por solo verlo, es cuestión de los tribunales.

No puedo ofrecer una solución que sea igual de atractiva como la idea de meter a todos los delincuentes en la cárcel, pero si puedo someter a análisis la situación, extender el problema y buscar una solución real.

Dejo la discusión abierta, por si acaso algún lector quiere rebatir el tema, me encantaría poder debatir el tema.

 

Encuestas, ¿arma de doble filo?

Acabo de realizar una encuesta de opinión cuyo público son los usuarios de Twitter (tuiteros), y debo decir me pareció bien realizada. Pero, analizando un poco las encuestas como tal, pueden ser un arma de doble filo.

¿Por qué afirmo esto?

No he llevado ningún curso de comunicación, así que lo mío es puro conocimiento adquirido empirícamente (o sea, se podría decir que estoy bateando). Pero yo he llegado a considerar, luego de haber leído tal vez el Príncipe o similares, que el pueblo es fácilmente “manejable”, especialmente para beneficios políticos. Y no podemos dejar de pensar que las encuestas pueden constituir una circunstancia agravante de la posición de un funcionario político, o ser una mejora de su posicionamiento.

Las encuestas sirven, que mejor ejemplo, que Berlusconi, cuya forma de consolidación en el poder fueron sus, poco fehacientes, encuestas.

Retomando el punto anterior, la “masa”, “vulgo” (sin intenciones peyorativas), o como se le quiera llamar, en mi opinión, no puede esperársele una declaración fidedigna sobre algo si se quiere con ello basar un resultado.

En otras palabras, no confío en lo que diga cualquier “hijo de vecino” sobre un tema, por el simple hecho de que éste puede ver exaltada su opinión personal sobre el tema por los medios de comunicación, o porque un evento similar al tema de la encuesta le haya ocurrido, o simplemente por vivir en un lugar específico. No me gusta que esto sea tomado junto con la opinión de otros más, como la opinión de todos los ciudadanos.

No voy a negarlo, es útil, y práctico.

Pero, últimamente, el tono tan formal a algo tan informal que los medios de comunicación le atribuyen al hacer un “sondeo de la opinión del pueblo”, simplemente me choca.

Concluyendo, no negaré que las encuestas son herramientas útiles, si se les da una buena aplicación, pero me desagrada la importancia que se le ha venido dando a una opinión más bien, quizás desinformada, y mucho menos el uso que se le de para, pura y simple, politiquería.

Y para responder la pregunta del título, si, creo que son un arma de doble filo, pues puedo usar sólo opiniones legitimadas, pero éstas no siempre serán a mi favor e irán todo al contrario, si por el otro lado, se usan opiniones “equis”, puede terminar no reflejando realmente algo útil.

Saludos, Alvaro A.